El Desamparo de Rama
Prólogo
En el mundo moderno y en Occidente percibimos el yoga como una práctica física, una que tiene unas posturas en ocasiones desafiantes y otras graciosas, y también como una práctica de algo que llamamos meditación, que algunas veces consiste en relajaciones y otras simplemente en fantasías mentales.
En medio de esas dos tendencias no estudiamos ni profundizamos en las disciplinas del yoga ni en su filosofía, y nuestra práctica queda incompleta, pues es como cocinar sin sal y sin saber cuál debe ser la proporción de los ingredientes.
Entre los textos de filosofía del yoga hay tres que son fundamentales. El más conocido en Occidente es el de los Yoga Sutras del sabio Patanjali. Este texto se concentra en el manejo de la mente y en la eliminación de las fuentes del sufrimiento a través de la mente misma, además de una serie de prácticas éticas, físicas y mentales. Hoy este texto es la base del Raja Yoga moderno.
El segundo texto de filosofía del yoga es más conocido como un texto de religión: el Bhagavad Gita. En ese texto, Krishna, una encarnación del dios Visnú venida a la tierra para reestablecer el Dharma, le explica la esencia del yoga a su discípulo Arjuna, un guerrero que se dispone a luchar en contra de sus primos para recuperar el reino del cual fue despojado.
El tercer texto del que aquí presentamos una versión corta es el Yoga Vasistha, en el que el maestro Vasistha le explica la esencia del yoga al joven Rama, quien apenas sale de la adolescencia.
Estos dos últimos textos tienen unas paradojas y unos paralelos interesantes. En el Bhagavad Gita, Dios es quien le enseña la sabiduría a un humano. Es la palabra divina y por eso se le conoce como un texto sagrado al igual que uno de religión. Pero en verdad es un texto de yoga y un texto que nos ayuda a enfrentar las dificultades de la vida.
A diferencia del Bhagavad Gita, en el Yoga Vasistha es un humano, Vasistha, quien le enseña la sabiduría del yoga a Dios, quien se ha encarnado como Rama para derrotar al demonio Ravana. Y entonces nos dice que un humano le puede enseñar a Dios, y que Dios mismo necesita pasar por un período de aprendizaje y de instrucción; no nace sabio ni nace aprendido y al enfrentarse con las realidades del mundo material se estrella contra su realidad espiritual.
Tanto el Bhagavad Gita como el Yoga Vasistha comienzan a partir de una depresión. En el primero, Arjuna, ante el prospecto de matar a todos sus parientes y amigos de la infancia, se deprime y dice: ¡No voy a luchar! Ahí, en el coche tirado por caballos y conducido por Krishna, en la mitad del campo de batalla entre los dos ejércitos, dice: “¡No voy a pelear! No tiene ningún sentido matar a todas esas personas por algo que en verdad no tiene ningún valor, más bien voy a dedicarme a buscar la verdad espiritual y lo voy a abandonar todo”. Krishna lo saca entonces de ese estado, recordándole que su deber como guerrero es luchar. Arjuna, astuto y acobardado por la depresión, intenta evadir el argumento de Krishna de muchas maneras, pero Krishna deshace sus interrogantes y sus disculpas una y otra vez recordándole su deber y la esencia del Karma Yoga y del desprendimiento. Entre muchas enseñanzas le dice que la renunciación no significa dejarlo todo y abandonar la lucha, sino renunciar a la conexión con los frutos de la acción.
En el Yoga Vasistha, llega el sabio Vishvamitra a visitar al rey Dratarashtra, el padre de Rama, y a pedirle la ayuda de su hijo en la lucha contra unos demonios que no le permiten completar unos rituales.
Cuando van a llamar a Rama se percatan de que está en medio de una depresión adolescente, que no quiere entretenerse ni con los juguetes ni con las cortesanas y que se la pasa caminando de arriba a abajo repitiendo: ¿Qué sentido tiene?
Rama entra a la asamblea de la corte y explica su estado: la vida no tiene ningún sentido y la única realidad es el dolor y el sufrimiento. Entonces, ¿para qué valdría la pena vivir, si lo único que nos espera es sufrimiento y más sufrimiento? Cuando niño, cuando joven, cuando hombre maduro y peor, cuando anciano, solamente sufrimiento y más sufrimiento.
Después de escuchar el discurso desesperanzado de Rama, Vishvamitra le dice:
“Tú no estás enfermo, lo que estás es mostrando los síntomas del surgimiento de la sabiduría, pero necesitas confirmación y entonces tu maestro Vasistha te va a dar esa confirmación”.
El Yoga Vasistha es el compendio de la conversación entre Rama y Vasistha en donde el maestro le ayuda a despejar la depresión a través de la narración de diferentes historias, en lo que podríamos denominar la introducción al Jnana Yoga y al Vedanta.
Apenas comienza la exposición de Vasistha, el texto dice que todos los sabios bajaron del cielo para escucharle, de la misma manera que cuando el sabio cabalista Shimon Bar Yochai estaba en su lecho de muerte y se disponía a impartir las enseñanzas de la cábala: los sabios bajaron de todas las sefirots para escuchar sus enseñanzas.
Entonces el texto se convierte en algo similar a las Mil y una noches, lleno de historias asombrosas, que nos retan la mente, retan nuestros esquemas mentales y los deshacen poco a poco, de tal forma que nos conceden un vistazo del conocimiento.
La primera historia nos ofrece una perspectiva sobre la muerte de un rey y la tristeza de su viuda, otra historia nos narra la historia fantástica de un rey que es transportado como por entre un portal a la zona más pobre de su reino. La historia de los tres caminantes por el desierto nos tuerce y retuerce la mente, y la historia de Sikhidwaja y Chudala nos confronta con nuestros esquemas mentales. Alguna vez le conté la historia de los tres caminantes a un niño quien, con los ojos bien abiertos, me dijo: ¿Eso es verdad, es un chiste o qué es?
Vasistha comienza su instrucción con una frase que en términos generales dice:
“Rama, todo lo que eres es el producto de los esfuerzos que has hecho en el pasado, y por mal que te encuentres hoy, recuerda que el esfuerzo del presente tiene mucho mayor impacto que el esfuerzo del pasado, entonces, con dientes apretados, comienza a esforzarte ya mismo”.
Tanto el Bhagavad Gita como el Yoga Vasistha nos recuerdan que el mundo material sí importa y que es fundamental cumplir con el deber y esforzarnos sin olvidar la realidad espiritual subyacente, para lograr la realización en ese mundo material al igual que en el mundo espiritual.
En el ámbito moderno nos advierten contra las trampas de la “Nueva Era” y de andar por los corredores diciendo cosas como “todo es uno”, “yo soy Dios”, “la vida no vale nada”, “las cosas materiales no importan”, y “mis parientes no tienen nada que ver conmigo y soy solamente un accidente en sus vidas”. En estos textos todas esas frases de loro no tienen ningún valor porque las únicas cosas que lo tienen son la experiencia, el deber y el esfuerzo.
No hay fechas históricas precisas sobre cuando fue escrito el Yoga Vasistha. Fue atribuido al sabio Valmiki, el mismo quien escribiera el Ramayana, la épica que narra la vida de Rama y su lucha por rescatar a su mujer de las garras de Ravana, el demonio que tenía de rodillas a humanos, dioses y demonios en los tres mundos.
En el siglo IX o el X un gran académico de Cachemir, Abhinanda Pandita, escribió una versión más corta denominada el Laghu Vasistha, el Vasistha corto, y que fue considerada, al igual que el original, una obra maestra de la filosofía, de la literatura y de la poesía. Fascinados por la obra, los emperadores mogoles y entre ellos el gran Akbar, ordenaron muchas traducciones al persa, una de las cuales emprendió el gran sabio Nazim Al Din Panipati y que tituló Jug Basisht.
En 1984 swami Venkatesananda, discípulo del santo swami Sivananda de Rishikesh, nos regaló una versión del Laghu Vasistha en inglés, The Supreme Yoga, para que en Occidente pudiésemos acceder a sus tesoros de sabiduría. Esta es la versión que hoy presentamos en español.
Entonces invitamos a los practicantes de yoga, a los buscadores y a los amantes de filosofía a que le pongan algo de sal a sus prácticas y a sus indagaciones con el estudio de este texto de la filosofía del yoga, y que así les permita vivir mejor y ser más felices. Que ojalá les conceda un vistazo de la realidad pero que no les haga olvidar que un vistazo no es toda la realidad, y que para acceder a toda la realidad el esfuerzo es la llave maestra.
También quisiéramos invitar a todos aquellos que estén dispuestos a atreverse a retar sus mentes y estructuras mentales y hasta a entretenerse con historias tan asombrosas que poetas modernos soñarían en haber concebido.
— Miguel Córdoba, 2020